
Esta reflexión nace de una investigación en curso y se inspira en la tesis sobre «Las Trampas del Territorio» del profesor Rogério Haesbaert. Lo que busco es compartir una inquietud constante que surge en el trabajo de campo sobre cómo entendemos los procesos de colaboración.
Solemos entender la gobernanza principalmente como espacios de toma de decisión. Sin embargo, autores como Gluckler o Hufty nos recuerdan que es algo más complejo.
Es un proceso social para alcanzar objetivos comunes o resolver desafíos colectivos.
Esto implica competencia, colaboración, aprendizaje, roles y actores a múltiples niveles. Y todo ello ocurre bajo marcos de comportamiento condicionados no solo por reglas formales, sino también por la informalidad, las normas sociales e incluso la cosmovisión. Estas diferencias es lo que en mi investigación defino como Frontera Institucional.
Al observar proyectos de inversión pública y privada, ya sea con pescadores artesanales, en áreas protegidas o comunidades nativas, noto que, en el afán de impulsar la «gobernanza», solemos caer en ciertos sesgos. Son trampas en las que es fácil caer, incluso con las mejores intenciones técnicas. A continuación, comparto cuatro de estas trampas para reflexionar sobre nuestra práctica:
- La trampa de la «Buena Gobernanza»: A menudo caemos seducidos por la idea de que la gobernanza es una lista de chequeo (transparencia, comunicación, manuales). Si no se cumple, decimos que hay «mala gobernanza». Pero la gobernanza, al ser un proceso social, simplemente existe o no existe. Es inconveniente hablar de «mala gobernanza» porque nos confunde. Una organización criminal, por ejemplo, puede coordinar acciones para alcanzar objetivos comunes de manera efectiva. ¿Es «buena»? No bajo nuestros estándares éticos, pero el proceso de gobernanza existe y funciona. La trampa está en confundir Gobernanza con Gobernabilidad o Gobierno. Podemos encontrar pequeñas organizaciones locales que gestionan recursos sosteniblemente sin cumplir los estándares formales, y viceversa.
- La trampa de la Participación Total: ¿Realmente todos deben participar siempre? A veces confundimos la exclusión con la falta de interés genuino. Llegar a un territorio con un proyecto para «establecer gobernanza» es muy difícil si los actores locales no tienen interés en construir un objetivo común con nosotros. Los territorios son complejos. En lugar de imponer un proceso social desde fuera, el desafío es identificar e impulsar los objetivos que ya existen y que construyen desarrollo a largo plazo. La gobernanza no se decreta; se cultiva en el tiempo. Un análisis territorial siempre es necesario.
- La trampa de la Homogeneidad (Sostenibilidad): ¿Cómo sostenemos el proceso? A menudo diseñamos intervenciones asumiendo que todos los actores participarán con la misma intensidad, recursos e interés. La evidencia de campo nos muestra que no es así; existen liderazgos, asimetrías y motivaciones diversas. Sostener el proceso depende de entender las interdependencias entre actores. Forzar a comunidades nativas a roles que no desean, o motivar a mujeres a ser empresarias sin considerar la carga que esto significa en su día a día, puede ser contraproducente. Ver esta trampa nos invita a; primero, trabajar con los contextos reales de las personas y segundo, evaluar las capacidades organizacionales, para que las acciones construyan impacto positivo.
- La trampa Regulatoria: Consiste en la visión de que la construcción de reglas (impulso regulativo) es suficiente para sostener acuerdos. El comportamiento en el territorio es diverso. Si seguimos construyendo reglas formales que distan del comportamiento real y de la informalidad vigente, lo único que obtendremos es consolidar la brecha. Esto no significa aceptar comportamientos ilegales en el territorio sino escuchar al territorio para caminar con los objetivos comunes reales. Sin duda, la tala ilegal, la minería ilegal y el narcotráfico transforman el territorio, pero hay otros objetivos comunes tan o igual de potentes que pueden hacerlo.
Un objetivo común genuino es como una aguja en un pajar; o como un unicornio en esta era posmoderna. Por eso, cuando encontremos uno, hay que atesorarlo. Ese acuerdo real puede ser el gran impulso para revertir situaciones perjudiciales y construir justicia y desarrollo pensado en el bienestar y la vida, en toda su expresión. Algunas veces la gobernanza fundamentalmente consiste en la construcción visiones alternativas.

